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¿Cuál es el futuro de la integración iberoamericana?

Una de las experiencias inmemorables de mi corta vida ha sido la de ser beneficiado por uno de los tantos resultados de la integración iberoamericana.

Pues sí, la verdad es que ser parte de los ex alumnos del Master de Estudios Políticos Aplicados de la Escuela Iberoamericana de Gobierno y Políticas Públicas (IBERGOP), me ha hecho reflexionar acerca de las bondades que prestan los procesos de integración, en este caso desde el sector de la educación.

Al plantearme el reto de realizar un ensayo sobre el futuro de la de la integración iberoamericana, mi mente, en primer lugar, comienza a esgrimir lo que significa integrarse. Y mientras revisaba a diversos tratadistas, tuve la oportunidad de conversar sobre diversos temas de integración con el Secretario de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Dr. Rodrigo Borja Cevallos, ex Presidente de la República del Ecuador y autor de importantes libros y tratados de Ciencia Política. Para él, la integración debe comprender la creación de autoridades comunitarias con poder para legislar, imponer el cumplimiento de acuerdo entre países, dirimir los conflictos que surjan entre ellos y, en general, conducir el proceso integrador.[1]

Revisando el proceso de integración iberoamericana ya iniciado con la creación de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, el mes de julio de 1991, en Guadalajara, México, donde se reunieron por primera vez los Jefes de Estado y de Gobierno de los 21 países miembros, he podido constatar los grandes avances que el proceso ha tenido. En 1995, nació el Sistema Iberoamericano de Cooperación, suscrito en la V Cumbre Iberoamericana, celebrada en San Carlos de Bariloche (Argentina). A través de este gran paso, se originaron importantes programas como el Apoyo al Desarrollo de Archivos Iberoamericanos (ADAI), la Aplicación en Red para Casos de Emergencia (ARCE), el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), CIBERAMÉRICA, el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED), el Programa de la Fundación Iberoamericana para la Gestión de la Calidad (FUNDIBEQ), el Programa de Desarrollo en Apoyo a la Construcción del Espacio Escénico Iberoamericano (IBERESCENA), la Escuela Iberoamericana de Gobierno y Políticas Públicas (IBERGOP), el Programa de Desarrollo Audiovisual en Apoyo de la Construcción del Espacio Visual Iberoamericano (IBERMEDIA), el Programa Iberoamericano de Cooperación Interinstitucional para el Desarrollo de la Pequeña y Mediana Empresa (IBERPYME), el Programa de alfabetización y educación básica en adultos (PAEBA), el Programa Iberoamericano de Cooperación en materia de Bibliotecas Públicas (PICBIP), la Red de Archivos Diplomáticos Iberoamericanos (RADI), el Repertorio Integrado de Libros en Venta en Iberoamérica (RILVI) y la Televisión Educativa Iberoamericana (TEIB).[2]

Cabe resaltar el hecho de que, en la XIII Cumbre Iberoamericana (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 2003), se decidió crear la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), organización internacional que hoy constituye el órgano permanente de apoyo institucional y técnico de la Conferencia Iberoamericana.

Además, ya se ha analizado uno de los temas que más implicaciones podría anexar dentro de la armónica relación entre los países iberoamericanos, la migración, coyuntura que la trató la XVI Cumbre Iberoamericana realizada entre los días 3 y 5 de noviembre, en la ciudad de Montevideo, Uruguay. La reunión contó con la presencia de 16 Jefes de Estado y de Gobierno, cinco Vicepresidentes y tres Ministros de Relaciones Exteriores de los 22 países de América Latina y Europa de lengua hispana y portuguesa que conforman nuestra Comunidad: Andorra, Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Uruguay y Venezuela.

De acuerdo a la página web de la SEGIB, los trabajos de los mandatarios estuvieron centrados en el tema principal de esta Cumbre, “Migraciones y Desarrollo”, asunto sobre el cual firmaron un importante Compromiso que establece principios fundamentales para el tratamiento integral de las migraciones internacionales entre uno y otro lado de la Comunidad Iberoamericana, principios que están basados en el respeto de los derechos humanos de los emigrantes, independientemente de su condición migratoria, en la cooperación entre los países de origen y los de destino, y, al mismo tiempo, en el derecho de los países a regular y gestionar los flujos migratorios.[3]

Por lo tanto, me parece importante que hayamos avanzado mucho hasta esta instancia dentro del proceso de integración. Sin embargo, para poder soñar o tener una visión más clara de lo que podría ser el futuro de Iberoamérica, sería necesario recordar la historia o el vínculo entre la Península Ibérica y América Latina.
Dentro de Latinoamérica, existen también muy valiosos procesos subregionales de integración. Primeramente, la creación del Grupo Andino (GRAN/CAN) hasta finales de los años ochenta y principios de los noventa, la transformación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), y la creación, entre otros, del Mercado Común Centroamericano (MCCA), Mercado Común del Caribe (CARICOM), el Grupo de los Tres (G3) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). También, aunque se ha incluido a Canadá y Estados Unidos, el ALCA es tema de profundo análisis de integración económica. Ahora se habla mucho de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA).[4]

Demos un vistazo a estos procesos que, por separado, han aportado importantes avances integracionistas desde varios campos de acción. La CAN, por ejemplo, ha logrado estructurar algunos temas de homogenización relevantes entre sus miembros. Por lo tanto se ha trabajado mucho en diversos programas e instancias de común acuerdo a nivel de los países andinos peor sin lograr una unificación estable ya que en un principio se conformó el llamado Pacto Andino con la inclusión de Venezuela y Chile, sin embargo estos países dentro del proceso se han salido o han cambiado su manera de actuar dentro del bloque. La idea de la Unasur, que analizaremos posteriormente, es apoyada por la CAN y eso ha permitido una mayor expectativa sobre el futuro integracionista de América del Sur. [5]

Por su lado, según la información virtual del MERCOSUR, “la República Argentina, la República Federativa de Brasil, la República del Paraguay y la República Oriental del Uruguay suscribieron, el 26 de marzo de 1991, el Tratado de Asunción, creando el Mercado Común del Sur, que constituye el proyecto internacional más relevante en que se encuentran comprometidos esos países”.[6]

Como podemos observar, ambos procesos integracionistas tienen, como mencioné anteriormente, importantes avances administrativos y temáticos. Sin embargo, lo ideal sería comenzar a unificar estos dos procesos para por lo menos integrar a los doce países de América del Sur, incluyendo a las Guyanas y a Surinam. Para conseguir este anhelo, se ha comenzado a elaborar un nuevo proyecto ambicioso: la conformación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).
Rodrigo Borja me supo manifestar que la idea de la UNASUR surge de la iniciativa de varios presidentes de la región por avanzar en el proceso de la conformación de un organismo que una los esfuerzos y trabajos realizados principalmente por la CAN y el MERCOSUR, es decir, que unifique procesos multilaterales subregionales en una nueva escala de integración regional.

Para ello, se han realizado propuestas para que la UNASUR pueda recoger los resultados esperados. Una de las primeras propuestas es que todos los procesos integradores subregionales de América del Sur se subsumen a esta nueva etapa, es decir, que todos los planes, logros y fracasos de las agrupaciones se enmarquen dentro del nuevo proceso integrador. Para el efecto se ha enviado un primer borrador de Estatuto para la revisión de todos los mandatarios y, si todo va bien y se llega a un acuerdo, se señala que esta entidad podría nacer entre diciembre del 2007 y enero del 2008, en la siguiente cumbre presidencial cuya fecha y ubicación aún no está determinada con exactitud.

Este proceso integrador tiene que buscar los espacios en donde pueda existir una comunidad de intereses a pesar de la diferencias ideológicas y políticas que existan entre los diferentes gobiernos y de los tropiezos que los procesos de integración subregionales hayan tenido dentro del área comercial.

Existen temas importantes relativos al transporte, la vialidad, la educación, la cultura, la defensa ambiental, el avance de las tecnologías modernas de la información y muchos otros posibles de identificar en una comunidad de intereses a pesar de la diversidad que existe en América del Sur. Justamente la entidad que debe conducir estos temas es la que se está intentando formar.

Mencioné al Dr. Borja la posible conformación del nuevo Fondo Monetario del Sur, ante lo que me mencionó que crear nuevas entidades de financiamiento podría ser una buena iniciativa, pues ello posibilitaría la ampliación de las fuentes de recursos para financiar los programas y planes de integración. En lo posible, se debería conformar una sola entidad financiera común que una los objetivos de programas que hoy existen, como la CAF o la entidad que financia los proyectos del MERCOSUR. Este fondo, más el Banco del Sur, podría formar una sola gran entidad financiera que ayudaría mucho a suprimir una carencia total de recursos. Con respecto a la creación de una moneda común, aún se debe esperar algún tiempo, pues es necesario aproximar y afinar las políticas macroeconómicas, las cifras del endeudamiento, el déficit, el precio de la divisa y demás pormenores. Una vez que todas esas cifras macroeconómicas se junten, podría crearse una moneda común y entidades que dirijan la política monetaria de los doce países.

Otra de las alternativas y proyectos claros, tomando en cuenta los importantes resultados en la Comunidad Europea, es la nacionalidad común suramericana, es decir, la posibilidad de que todos los ciudadanos de los países de América del Sur posean un pasaporte común que facilite los ingresos y traslados de personas entre los países hermanos, así como el acceso a derechos y privilegios en cada rincón. Actualmente, existen temas que han interferido en la facilidad de entrada y residencia de cualquier hermano suramericano en cualquier país de la región. Uno de esos temas, palpable en el Ecuador, es el de los refugiados colombianos que ingresan al país para huir de las persecuciones de la guerrilla. Con respecto a esto, la Cancillería ecuatoriana ha tomado como prioridad la necesidad de establecer políticas claras sobre el tratamiento a los refugiados del vecino país de Colombia.

Para culminar en este tema, se aclara que la UNASUR es un proceso multilateral que incluye únicamente a los países suramericanos, no a los países de Centroamérica y el Caribe. Sin embargo, al tomar en cuenta que los procesos subregionales de Suramérica han creado una escala para llegar a la UNASUR, es presumible que este proceso creará, de igual manera, una escala superior para integrar a toda América Latina.

Es importante señalar que el proceso de creación de la UNASUR está teniendo el apoyo total de los actuales mandatarios de Suramérica. De acuerdo con datos estadísticos de la CAN, América del Sur, al estar unida, estaría lista a desarrollar mayor calidad de vida para sus habitantes, ya que esta región unida tiene la potencialidad de poseer un PIB de 973.613 millones de dólares (con lo cual se constituiría como la quinta potencia mundial), tener una población de 361 millones de habitantes (la cuarta a nivel mundial) y ocupar una superficie superior a los 17 millones de km2. Además, sus exportaciones ascienden a 181.856 millones de dólares, posee el 27% del agua dulce del mundo, dispone de ocho millones de kilómetros cuadrados de bosques y dos océanos, es la región que más alimentos produce y exporta en el mundo, dispone de hidrocarburos para 100 años, el 95% de sus habitantes tiene una sola religión, sus pobladores hablan dos lenguas mutuamente inteligibles y tiene una historia común y valores compartidos.[7]

Por otra parte, ¿que ha pasado con Centroamérica y el Caribe? Analicemos diversos procesos de integración dentro de esta pequeña parte de América Latina:

Primeramente, tenemos el Mercado Común Centro Americano (MCCA) que, de acuerdo a la información disponible, fue el primer proceso subregional de América Latina. Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua son los países que lo conforman, y su objetivo principal es unificar las economías, impulsar en forma conjunta el desarrollo de Centroamérica y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. El Tratado General de Integración Económica Centroamericana entró en vigencia el 4 junio de 1961 para Guatemala, El Salvador y Nicaragua, el 27 de abril de 1962 para Honduras, y el 23 de septiembre de 1963 para Costa Rica.

Además, dentro de lo que tiene que ver con la integración de países caribeños, tenemos al CARICOM, proceso de integración que acoge a países como Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago; y como países asociados a Anguila, Bermuda, Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán e Islas Turks y Caicos.[8]

Como podemos ver, también en Centroamérica y el Caribe han existido importantes avances de integración subregional, pero uno de los grandes problemas han sido los diferentes intereses económicos y políticos que han impedido avanzar en la unión latinoamericana. Existen procesos de integración comercial que en su época tuvieron efectos de reflexión en sociedad global, como el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), convertida posteriormente en Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).

El Área de libre comercio de las Américas (ALCA) se conformó, de acuerdo a su página virtual, con el objetivo de unir las economías de América Latina en una sola área de comercio libre. Comenzó con una Cumbre de las Américas realizada en Miami, en 1994, con la participación de 34 países y la suscripción de la Declaración de Principios y el Plan de Acción de la Cumbre. Sin embargo, las negociaciones comenzaron verdaderamente en 1998, con la Segunda Cumbre realizada en Santiago de Chile.[9]

Los temas comerciales en discusión insertos en el ALCA tienen que ver con acceso a mercados, inversión, servicios, compras del sector público, solución de controversias, agricultura, propiedad intelectual, subsidios, políticas de competencia, anti-dumping y derechos compensatorios. Sin embargo, las críticas a este proceso por la lentitud en su accionar han provenido de muchos lugares latinoamericanos.

Con respecto a la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), se trata de un proceso más antiguo que el expuesto anteriormente, ya que proviene del proceso llamado la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). El objetivo de esta última fue la constitución de una zona de libre comercio dentro de un plazo de doce años, que luego fue ampliado a veinte. Durante ese período, debían eliminarse gradualmente todos los gravámenes y restricciones que obstaculizaran el intercambio comercial entre las partes contratantes. Además, el proceso se llevaría a cabo mediante negociaciones periódicas a través del mecanismo de listas: las “listas nacionales” y la “lista común”.
El hoy ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) posee como miembros a los siguientes países: Argentina, Colombia, Paraguay, Bolivia, Cuba, Perú, Brasil, Ecuador, Uruguay, Chile, México y Venezuela. Combina la integración de los intercambios y la integración de las inversiones y de las políticas para arribar a la unión o fusión de las economías en presencia. Así mismo, impulsa, como modalidades de integración, la creación de un sistema de preferencias aduaneras, zonas de libre comercio, uniones aduaneras y el origen de un mercado común.

Según un estudio realizado por el Banco de Venezuela, una característica especial de la ALADI es que permite establecer vínculos o acuerdos multilaterales con organizaciones de integración, países latinoamericanos no miembros, grupos económicos y países subdesarrollados que no pertenezcan a la zona. A pesar de las nuevas políticas destinadas a reforzar la integración, modernizar la producción y armonizar las estrategias macroeconómicas, la ALADI fue objeto de fuertes críticas a principios de la década de 1990, cuando se realizaron diversos llamados que pedían una reestructuración de la asociación. La sede de la ALADI se encuentra en Montevideo, Uruguay.


Los objetivos básicos del Convenio de la ALADI son:
• Estimular las relaciones financieras entre los países de la región.
· Facilitar la expansión de su comercio recíproco
· Sistematizar las consultas mutuas en materias monetarias, cambiarias y de pagos.
·
Adicionalmente, el mecanismo multilateral de compensación de pagos persigue, entre otros, los siguientes propósitos:
· Facilitar la canalización de los pagos e intensificar las relaciones económicas entre sus respectivos países.
· Reducir los flujos internacionales de divisas entre los participantes.
· Estimular las relaciones entre las instituciones financieras de la región.
·
Ahora, es necesario sumar todos estos intentos por aglutinar e integrar naciones que, por su poca fuerza productiva, se han visto en la necesidad de unirse para conformar bloques de negociación hacia las grandes potencias como Estados Unidos, Europa y los Tigres Asiáticos.

Para llegar a estos procesos, podemos afirmar que la integración latinoamericana posee profundas raíces desde el origen de la crisis definitiva del colonialismo español y portugués a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Por eso es necesario revisar la ruptura histórica de las relaciones entre América Latina y la Península Ibérica.

Así describía el Nuevo Mundo al Cabildo de Sevilla el Doctor Chanca, que escribe acompañando a Colón en el segundo viaje, en 1493:
En esta isla había tanta espesura de arboledas que era maravilla, y tanta diferencia de árboles no conocidos por nadie que era para espantar de ellos con fruto, de ellos con flor, así todo era verde. Allí hallamos un árbol cuya hoja tenía el más fino olor de clavos que nunca vi, y era como laurel, salvo que no era así de grande, aunque de todas formas pienso que era laurel su especia. Allí había frutas salvajinas de diferentes maneras, de las cuales algunos no muy sabios probaban, y del gusto solamente tocándoles con las lenguas se les hinchaban las caras, y les venía tan grande ardor y dolor que parecían que rabiaban, encontrando remedio con cosas frías. En esta isla no hallamos gente ni señal de ella. Creímos que era despoblada y allí estuvimos bien dos horas, porque cuando allí llegamos era sobretarde. Al otro día de mañana partimos para otra isla.

Alexander Von Humboldt fue uno de los primeros autores que se refirió al origen latino de los pueblos que habitaban las colonias españolas. En 1825, dijo que el origen étnico del Nuevo Mundo se reparte en tres pueblos europeos: el uno de raza germánica y los otros de la Europa latina.

Es conveniente también analizar la evolución del problema de la denominación del subcontinente, el cual surgió desde el mismo descubrimiento de América (recordemos que el Gran Almirante Cristóbal Colón murió en 1506 con el convencimiento de haber llegado a las tan ansiadas Indias). España, a pesar de haberse dado cuanta del gran error, continuó denominando a las nuevas tierras como Indias y, posteriormente, como Indias Occidentales. En 1507, esta denominación comenzó a cambiar por la de “América”, por sugerencia del cosmógrafo alemán Martin Waldseemüler, en honor a Américo Vespucio, a quien, por otra equivocación, se le atribuyó el hallazgo de este continente a través de la interpretación errónea de una carta enviada por él a los Médicis en la que hablaba de un supuesto viaje a tierras del Brasil al servicio de Portugal. Dicha carta fue realizada porque Américo se percató de que las tierras encontradas por Colón constituían una contradicción a las creencias que antes se tenía sobre la existencia de otra masa de tierra muy diferente y separada de Europa, Asia y África. Finalmente, el nombre América terminó por prevalecer al de Indias Occidentales o a los de Españas, Nuevo Mundo o Ultramar.

La existencia de América como continente independiente se comprobó en 1741 por Vitus Bering, quien recorrió el estrecho que posee ahora su apellido.

Ahora bien, la conciencia nacional americana comenzó a surgir entre los criollos que comenzaron a denominar al subcontinente de maneras distintas como América del Sur, América Meridional, América Española, Hispanoamérica o Iberoamérica (cuando se incluía al Brasil), con el objetivo de distinguirse de las trece colonias inglesas de Norteamérica, las cuales se apropiaron del nombre del continente al denominar a su nueva nación como Estados Unidos de América.

La inconformidad por la cantidad de denominaciones había llegado a diversos sectores, lo cual se expresó, por ejemplo, cuando el jesuita peruano Juan Pablo Viscardo denominó “españoles americanos” a los habitantes de las colonias españolas en América.

Francisco de Miranda, ya en el calor de la lucha independentista, dio con la denominación de Colombia para todas las tierras que permanecían bajo el yugo español, lo que se demuestra con la forma en que tituló su primer manifiesto: “Proclamación a los Pueblos del Continente Colombiano”. Además, denominaba a su ejército “Ejército Colombiano”, y, más visible aún, en el texto de la Constitución de la primera República de Venezuela, aprobada en Caracas en 1811, se valió del término “Continente Colombiano”.

Simón Bolívar, en 1812, tras el fracaso de la primera República de Venezuela, denominó a Caracas como “cuna de la independencia colombiana”. En su famosa carta de Jamaica, sin embargo, se inclinó por limitar el término de Colombia exclusivamente al nuevo Estado que estaría por formarse entre Venezuela y Nueva Granada, proyecto materializado en 1819.

Bernardo O’Higgins, líder de la independencia chilena, escribió a Bolívar en 1818: “La causa que defiende Chile es la misma en que se hallan comprometidos Buenos Aires, la Nueva Granada, México y Venezuela, o mejor diríamos que es la de todo el continente de Colombia”.

En 1819, Bolívar creó en Angostura la Gran Colombia con la integración de Venezuela, Nueva Granada y Quito, con lo cual invalidó hasta 1830 el término de Colombia para toda Hispanoamérica. Después de su desintegración, el apelativo se volvió a adjudicar a todo el territorio comprendido entre México y la Patagonia por el panameño Justo Arosemena, quien, en discurso diplomático de 1856, denominó Colombia a toda Hispanoamérica con el fin de defenderse de la expansión de Estados Unidos y de los ataques piratas en Cuba. En la parte esencial del discurso, encontramos:
Que siga el águila del norte monopolizando en nombre de América hoy común al hemisferio. Nosotros, los hijos del Sur, no le disputaremos una denominación usurpada, que impuso también un usurpador. Preferimos devolver al ilustre genovés la parte de honra y de gloria que se le había arrebatado: nos llamaremos colombianos; y de Panamá al Cabo de Hornos seremos una sola familia, con un solo nombre, un gobierno común y un designio. Para ello, señores, lo repito, debemos apresurarnos a echar la bases y anudar los vínculos de la Gran Confederación Colombiana.
Como vemos, las voces de integración siguen sonando. En 1859, el neogranadino José María Samper realizó un extenso ensayo, titulado “La Confederación Colombiana”, en el cual se oponía a la identidad hispanoamericana como un simple parentesco racial o por comunidad de lengua, cultura o religión. Propuso, sin embargo, la conformación de la Confederación Colombiana, la cual debía ser una asociación de Estados independientes, pero aliados y mancomunados.[10]

Así, varios tratadistas y políticos siguieron sugiriendo el término de Colombia, mientras, por su parte, nacía ya el nombre de América Latina, con definido acento anti-norteamericano, gracias al surgimiento de la idea de la latinidad de la Europa meridional y, por extensión, de las antiguas colonias ibéricas. El escritor francés Michel Chevalier contrapuso en algunos debates la latinidad de las antiguas colonias de España, Portugal y Francia a la América sajona; y así se ha ido extendiendo la idea de latinidad de Iberoamérica.

Ahora, luego de poder observar los grandes avances de integración iberoamericana, necesitamos fortalecer y crear intereses de común acuerdo. La creación de nuevas instancias integracionistas pueden fortalecer los objetivos de tal proceso.

Uno de los objetivos importantes es saber que tanto España como Portugal pueden ser una llave importante para abrir las puertas de la Unión Europea. Recordemos que, en 1986, España y Portugal se unieron a la Comunidad Europea, la cual se convirtió así en la Comunidad de los Doce; y en 1992, los Doce firmaron el Tratado de Unión Europea.

Con todo, surge una inquietud al realizar una comparación integracionista con relación a los procesos llevados en Europa, especialmente con la necesidad de saber cuál es la diferencia entre estos pueblos y América Latina con respecto a su posibilidad de integrarse. Sobre esta cuestión, Rodrigo Borja me manifestó claramente que la gran diferencia es el desarrollo político de los pueblos, ya que en Europa no se concibe tan primitivamente la noción de soberanía estatal, tal como nosotros la concebimos.

En el denominado Viejo Mundo no existen esas susceptibilidades que plantean que todo afecta a la soberanía, lo cual indica un desarrollo político avanzado, ya que un proceso integrador significa renunciamientos, limitaciones y auto-delimitaciones que, básicamente, se han determinado en los predios de la soberanía nacional.

Para reforzar esta afirmación, podríamos tomar en cuenta lo que Borja escribe en su Enciclopedia política:
En materia de principios, no hay incompatibilidad entre integración y soberanía. La formación de órganos comunitarios, bajo un sistema jurídico específico, no menoscaba sino que reafirma el concepto de soberanía, puesto que cada uno de los Estados que participa en este proceso lo hace voluntariamente y limita los alcances de su propio poder a cambio de las ventajas económicas que la supeditación a un orden comunitario le puede ofrecer. [11]

Creo que uno de los primeros pasos a seguir para determinar una fuerte integración iberoamericana es determinar una integración económica, la cual posee tres fases importantes: la formación de una zona de libre comercio, la unión aduanera y el mercado común. En el caso de la Unión Europea, se llegó a dos fases extras fruto del éxito de su integración económica: la moneda común y la creación de un aparato institucional para manejar la política monetaria común, a través del cual se analizan las variables de la deuda pública, la inflación, el déficit público, los tipos de interés y las tasas de cambio de todos los países miembros.

¿Por qué no, entonces, además de la cooperación, empezamos a hablar sobre integración económica de Iberoamérica? Debemos comenzar a realizar tratados bilaterales o multilaterales de comercio tanto entre los países latinoamericanos como con España y Portugal: formación de zonas de libre comercio a través de la eliminación de barreras arancelarias y la apertura de los mercados; una unión aduanera que se genere cuando, ya creadas estas zonas de libre comercio, se anexe un arancel externo común para productos provenientes de países terceros; un mercado común que nacería luego de haber afinado las políticas macroeconómicas y las legislaciones, originando un libre tránsito de factores productivos, esto es, personas, bienes, servicios, capitales y tecnologías.

Tomando el caso de las intenciones de la UNASUR, sería bueno llegar a crear también un Banco y un Fondo Monetario Iberoamericano. Con un Banco Iberoamericano se podría armonizar las macroeconomías analizando y regulando las variables de la deuda pública, la inflación, el déficit público, los tipos de interés y las tasas de cambio de todos los países miembros.

El tema controversial sobre el tipo de ayuda que ha brindado el Fondo Monetario Internacional siempre ha sido muy cuestionado, más aún cuando, desde hace algún tiempo, cualquier país que desee acceder a créditos del FMI debe aplicar políticas económicas impuestas para poder desarrollar lo que alguna vez se conoció como el Consenso de Washington, es decir, la aplicación del nuevo modelo neoliberal. Esto generó lo que todos ya conocemos: un crecimiento avanzado de la pobreza y la corrupción de muchos gobiernos. Por lo tanto, crear una entidad financiera de y para nuestra Iberoamérica no deja de ser positivo y expectante. Obviamente, se debe conformar este organismo de una manera técnica y con políticas financieras solidarias para la utilidad de todos nuestros pueblos.

Desde la visión del eje político legislativo, se podrían implementar iniciativas importantes de integración con metas y objetivos concretos, para lo cual, debemos analizar como objetivo importante la homogenización legislativa, es decir, la unificación de leyes de los países miembros de la CLN.
En la homogenización legislativa tenemos nuevamente el ejemplo de la intención europea de crear una Constitución común, esfuerzo que lamentablemente no pudo ser plasmado ya que uno de los condicionamientos para aprobarla era la aceptación en referéndum de todos los países miembros y, en este caso, tanto Francia como Holanda democráticamente le dijeron “no” a la Constitución Europea. Dicha decisión influyó en el margen de popularidad del gobierno de turno.

En este sentido, el funcionamiento de un parlamento común ha sido positivo en este proceso. En la Comunidad Andina de Naciones (CAN) existe el Parlamento Andino, cuyos representantes son elegidos democráticamente mediante voto universal por cada elección presidencial. Por lo tanto, es la hora de pensar en la creación del Parlamento Iberoamericano.

El Parlamento Iberoamericano sería la instancia que coadyuvaría a la anteriormente citada “homogenización legislativa”, comenzando por la elaboración de la Primera Constitución Iberoamericana, lo cual no significa que se deba eliminar las Constituciones de cada nación. Según Ricardo D. Ravinovich-Berkman, la homogenización de leyes es uno de los mecanismos de integración internacional más importante y eficaz, y muchas veces resulta mejor que el más completo de los tratados. Esto facilitaría un mejor rendimiento del funcionamiento del Derecho y su estudio.[12] Además, los costos de contrataciones disminuirían ya que ya no sería necesario realizar una contratación extranjera.

Por lo tanto, el proceso de integración Iberoamericana se daría desde lo jurídico, mediante lo jurídico y por lo jurídico.

Hoy en día, existen muy buenas secretarías técnicas, dentro de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, como la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), la Organización Iberoamericana de Seguridad Social (OISS), la Organización Iberoamericana de Juventud, la MINURVI y el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD).

También sería factible la creación de diversas secretarías técnicas que la necesidad actual me obliga a plantear: una Secretaría Iberoamericana de Migración, por ejemplo, con el objetivo de ayudar a implementar políticas migratorias dignas para todo aquel ciudadano latinoamericano que utilice a España y Portugal como entrada a Europa con fines laborales.

Existe también un gran avance dentro de lo que tiene que ver con la generación de desarrollo desde la gestión de gobiernos locales. La existencia de la Unión Iberoamericana de Municipalistas fue creada en 1991 persiguiendo, entre otros objetivos, la promoción de relaciones de cooperación e intercambio entre municipios (a nivel de personal al servicio de los gobiernos locales y estudiosos e investigadores de la autonomía y el desarrollo local de España e Iberoamérica), el fomento de actividades que favorezcan el desarrollo de las autonomías locales, el estímulo de la participación ciudadana y vecinal en la gestión de los intereses que les son propios, la defensa de los intereses municipales y de su actividad ante organismos nacionales e internacionales, y la capacitación y perfeccionamiento de los responsables de la gestión local.[13]

En general, la actividad de la Cooperación Internacional, principalmente con España, ha funcionado bien, aunque de manera muy dispersa. La Agencia Española de Cooperación ha brindado importantes insumos, pero los convenios bilaterales entre municipalidades, gobernaciones, prefecturas, etc. deberían ser más cohesionados. Por tal razón, sería importante crear la Secretaría Iberoamericana de Cooperación de Gobiernos Locales.

Otra de mis preocupaciones a la hora de tratar de mejorar los alcances de la integración iberoamericana es la creación de organismos simplemente para burocratizar el proceso. Por tanto, se debe tener cuidado para no seguir financiando instituciones que realmente no han brindado resultados positivos para el proceso.

Entre las innumerables lecturas a las que tuve acceso para elaborar este ensayo, encontré un análisis importante sobre los valores y pensamientos de la integración iberoamericana, realizado por los académicos Edgardo Romero y Pablo Guadarrama, quienes, dentro de su investigación, llegan a la conclusión de que existen valores importantes a tomarse en cuenta: el tipo de integración debe basarse en al autoctonía, la preservación cultural de nuestros pueblos y la calidad de sus formas de vida. Desde esta perspectiva, han encontrado sistemas de valores influyentes en la manera de accionar de las naciones mencionadas.[14]
En mi punto de vista, la ideología política de los diversos gobiernos también influye en la fluidez de las negociaciones a la hora de armar o reforzar un proceso de integración. Entendamos a la ideología política como un sistema de ideas, creencias y valores filosóficos y políticos que influyen directamente sobre el fenómeno humano y social. En Iberoamérica tenemos regímenes de diversas posturas ideológicas, desde las más extremas hasta las moderadas. Lo importante, creo yo, es que ninguna de estas posturas buscan el mal generalizado para sus pobladores, por lo que se podría llegar a acuerdos mínimos de convivencia entre hermanos.

La democracia participativa, incluyente y tolerante con el libre pensamiento del prójimo, debe ser una bandera a defender dentro de toda nuestra pluriculturalidad y diversidad como región. Vale aquí reproducir las palabras de un artículo de la Universidad de los Andes (Mérida, Venezuela): “La dimensión utópica de la integración y de la democracia en Iberoamérica se plantea como la dirección filosófico-política que permite juzgar lo que existe y explorar las posibilidades de transformación”.

Debemos tomar en cuenta que el sistema político español ha garantizado estabilidad política y gobernabilidad, haciendo una crítica u opinión, la madurez política en este país ha reinado dando como resultado canales respetuosos de oposición y apertura al diálogo en casos contradictorios.

En el caso ecuatoriano y en la mayoría de los países latinoamericanos, el presidencialismo ha obstaculizado el objetivo de llegar a una estabilidad política que nos permita a la vez, acelerar y progresar en lo procesos de integración. La mala práctica de algunos partidos políticos, el populismo; la fragmentación parlamentaria y sus mayorías móviles, la corrupción y en fin la relación caduca entre el legislativo y el ejecutivo.

En Ecuador ahora estamos atravesando nuevamente un proceso electoral para elegir nuestros representantes a una nueva Asamblea Nacional Constituyente, para poder reformar las reglas de juego dentro de la convivencia política del país, redefinir el rol de sus actores y avanzar en la garantía de los derechos fundamentales.

Iberoamérica debe tener en cuenta temas actuales como el cuidado del agua y el calentamiento global; en un futuro, el paraíso que Colón descubrió, se convertirá en la única reserva natural de mundo, en donde todavía encontraremos bosques, fauna sana y agua pura y libre de contaminación.

Otro tema que me preocupa son las constantes compras de armamento a estas alturas del mundo de algunos países latinoamericanos; la pobreza, la falta de educación básica, la falta de salud y servicios básicos, han generado el subdesarrollo de nuestra región.

Me agrada saber que la siguiente cumbre de mandatarios y ministros de Iberoamérica se realice en Chile, país que ha demostrado avances dentro del desarrollo político, propiciando su gobernabilidad, disminuyendo sus indicadores de pobreza, desempleo y analfabetismo; y, aumentado la calidad de vida de sus habitantes.

Deseo volver a insistir en el tratamiento especial que deben tener los migrantes latinoamericanos en los países europeos; los análisis económicos indican que su presencia ha aportado significativamente en lo que tiene que ver con la mano de obra y el crecimiento productivo de las empresas españolas principalmente; el esfuerzo que el gobierno español ha realizado para legalizar y regularizar la permanencia de nuestros compatriotas en tierras Ibéricas ha avanzado pero, aunque nunca sería suficiente, es necesario no descuidarse en este tema.

En fin, la integración iberoamericana todavía posee algunas variables a tomarse en cuenta. La nueva generación de políticos debemos pensar y discernir que mientras más reforcemos los procesos de integración, más bondades podremos obtener de este mundo globalizado. Los tiempos han cambiado y es hora de afrontar la globalización con responsabilidad, ya que, para poder competir tanto económica como políticamente con otras potencias, necesitamos explotar nuestras riquezas.

Este es el compromiso al cual me sumo y el ensayo realizado será un instrumento de pensamiento e investigación válido para la propagación del sueño integrador; nuestro referente en Latinoamérica de unión es Simón Bolívar, quien sostuvo siempre la tesis de unificar a las naciones antiguamente colonizadas por España. Sin embargo sostengo que a la península ibérica le debemos también mucho sobre nuestro progreso, su educación, guía que se trasladó en todo el proceso de mestizaje es invaluable; somos mestizos y tenemos en nuestra sangre tanto a España como a nuestros antepasados indígenas, y ambas culturas tienen muchas virtudes que seguir ofreciendo.

Para culminar es importante resaltar el tema que se tratará en la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, “La cohesión social y políticas públicas para alcanzar sociedades más inclusivas”.

Es importante tener en cuenta que llegar a una sociedad globalizada más incluyente es un reto que todos debemos grabarnos en nuestra mente, debe ser política de cualquier gobierno llegar al mejoramiento de la calidad de los servicios, educación, salud, alimentación y trabajo digno.

Cierro con las palabras centrales de un ejemplo de liderazgo moderno e incluyente, que se realizó el pasado 15 de marzo en el Centro Cultural Estación Mapocho, la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet: “es imprescindible mejorar la vida de nuestros pueblos, removiendo las barreras sociales, económicas y étnicas, de género, en fin, todas las barreras que hasta el día de hoy excluyen de los frutos del progreso a demasiados hombres y mujeres, niños y jóvenes, adultos y ancianos, en este continente de extrema desigualdad”.

No olvidemos que simplemente necesitamos voluntad política para alcanzar nuestros sueños colectivos, ya basta de egoísmos, ya basta de promesas, es hora de buscar la paz, estabilidad, armonía y felicidad de todos los ciudadanos iberoamericanos.

[1] Entrevista realizada el 24 de junio de 2007
[2] Información proporcionada en la pa´gina Web de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) www.segib.org
[3] Información proporcionada en la pa´gina Web de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) www.segib.org
[4] GARCÍA RODRÍGUEZ María Lourdes, LA INTEGRACION LATINOAMERICANA COMO BASE DEL DESARROLLO ECONOMICO Y SOCIAL DE LA REGION, Ponencia presentada al I Encuentro Nacional e Internacional de Cátedras de Integración y Estudios Latinoamericanos, organizado por el Parlamento Andino y celebrado en la ciudad de Santafé de Bogotá entre los días 17 y 19 de marzo de 1999.
[5] Información proporcionada de la página web de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) www.comunidadandina.org
[6] Información proporcionada de la página web del MERCOSUR www.mercosur.int
[7] Información proporcionada de la página web de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) http://www.comunidadandina.org/
[8] Información proporcionada de la página web del CARICOM http://www.caricom.org/
[9] Información proporcionada de la página web del Área de Libre Comercio de las Américas www.ftaa-alca.org
[10] GUERRA Sergio, MALDONADO Alejo, RAICES HISTORICAS DE LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA, Tomado del libro HISTORIA Y PERSPECTIVA DE LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA. AUNA/Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. México, 2000
[11] Borja Rodrigo, ENCICLOPEDIA DE LA POLÍTICA, Pág, 792
[12] RABINOVICH-BERKMAN Ricardo D. LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA Y LOS ESTUDIOS DE DERECHO
[13] Información proporcionada de la página web de la Unión Iberoamericana de Municipalistas www.uimunicipalistas.org
[14] ROMERO FERNÁNDEZ Edgardo, GUADARRAMA GONZALEZ Pablo, VALORES Y PENSAMIENTO DE LA INTEGRACIÓN, Cátedra Andrés Bello, Universidad Central Cuba.

VAMOS A UN “SI” PRUDENTE

Por Javier Orti

A la hora de decidir sobre la conveniencia o no de entrar a una Asamblea Nacional Constituyente de plenos poderes, debemos dejar a un lado las pasiones y elegir usando la metodología aplicada en la teoría de la elección racional, es decir, imaginar un escenario con cada respuesta y determinar el costo beneficio de esa elección.

Lamentablemente los actores que proponen tanto el “si” como el “no” en la Consulta popular, carecen de argumentos muy convincentes ya que sus opiniones están enmarcadas bajo sentimientos de odio, venganza, penumbra, miedo y sobre todo radicalismo. Por un lado se encuentran los conservadores natos, es decir los amantes del statu quo, pocos acreedores y acumuladores de la riqueza del país, miembros de las élites productivas e intelectuales que actúan con un miedo contumaz, ya que argumentan correr el riesgo de que la asamblea tope sus bolsillos y propiedades, además que caigamos bajo un régimen dictatorial de corte socialista radical al puro estilo chavista venezolano y por último, formando parte de los partidos políticos afectados por la destitución de los 57 diputados, quienes esperan dar el golpe respectivo de venganza. Por otro lado están los gobiernistas radicales, los que les denomino “los borra y va de nuevo, con simple golpe de mallete”, es decir los nuevos dueños de la razón, representados por nuestro Presidente de la República, quienes han originado este miedo que poseen los anteriormente mencionados por un silencio inquietante, penumbroso que no genera más que desconfianza, ya que no se respira transparencia, por lo tanto lo que no está claro puede contener objetivos oscuros. ¿Por qué no se informa sobre los objetivos gobiernistas que serán plasmados en la Asamblea Constituyente? ¿Porqué tanto misterio?

Por lo tanto todo este panorama genera indecisión, confusión e ignorancia de lo que está por suceder, y no lo dice el autor de esta plancha grabada, sino los tantos reportajes de los diversos canales que han preguntado a ciudadanos comunes y corrientes sobre la Consulta Popular de este domingo.

Pero ¿Qué quiere decir un “si” prudente? Quiere decir “decidir con sensatez” por que ganando el “no” seguimos en lo mismo, un país ingobernable sin salida y voluntad política, nada tentador a la inversión y generación de empleo; necesitamos gobernabilidad, para crear estabilidad, y eso solo se consigue reformando la parte orgánica de la constitución y escogiendo gente sensata y responsable para la Asamblea Constituyente, no polarizados defensores de intereses particulares. El futuro del país requiere de reflexiones prudentes y racionales, necesitamos un cambio, pero un cambio conciente que de paz y armonía entre los hermanos que conformamos la tan cantada y manipulada patria tierra sagrada.

Javier Orti